Los embarazos bajaron, pero ellas siguen sin ir a la escuela. ¿Por qué?
Durante décadas, el sentido común y las políticas públicas en la Provincia de Buenos Aires (PBA) operaron bajo una premisa casi automática: si una adolescente faltaba o abandonaba la escuela, la razón era un embarazo temprano. Por eso, la maternidad adolescente funcionó como la gran explicación para el ausentismo femenino en las escuelas. Sin embargo, el escenario actual de 2026 nos obliga a buscar otra mirada.

Hoy en día, aunque el embarazo adolescente sigue siendo una problemática importante, ya no alcanza para explicar por qué tantas jóvenes sostienen trayectorias escolares fragmentadas, faltas reiteradas o directamente abandonan la escuela. La pregunta cambió: si los embarazos adolescentes bajaron drásticamente, ¿por qué persiste el ausentismo femenino?
Este desplazamiento en la pregunta evidencia que no existe una única respuesta capaz de explicar el fenómeno. Por el contrario, el ausentismo escolar femenino en el contexto actual requiere ser abordado desde una perspectiva multidimensional, que contemple la interacción de factores sociales, económicos, culturales y subjetivos incorporando diversas variables junto con las tradicionales.
Observamos que, en el contexto actual, la respuesta no está solamente en la maternidad, sino en una estructura más profunda: la feminización de la precariedad, las tareas de cuidado no remuneradas, la pobreza de tiempo, la salud mental y las desigualdades de género que siguen organizando la vida cotidiana de las adolescentes.
Menos embarazos, mismo ausentismo: la paradoja que nadie explica
Según datos del Ministerio de Salud de la Nación y la Dirección Provincial de Estadística, la tasa de fecundidad adolescente en Argentina (y especialmente en el conurbano bonaerense) ha caído drásticamente en la última década (una reducción cercana al 50-60% desde 2014), siendo uno de los cambios demográficos más llamativos del siglo XXI en toda la región.
Entonces, ¿por qué faltan ellas? La respuesta no es única ni está ampliamente investigada, sino que se compone de una trama de factores que la sociología contemporánea denomina "feminización de la precariedad”, es decir, la persistencia de condiciones materiales y simbólicas que ubican a las jóvenes en situaciones de mayor vulnerabilidad, lo que impacta directamente en la continuidad de sus trayectorias educativas.
A pesar de no tener hijos propios, las adolescentes bonaerenses de sectores vulnerables cargan con el cuidado de hermanos menores, adultos mayores o personas con discapacidad. Frente al avance de la crisis económica y la inserción laboral precaria de las madres en el mercado informal, en la mayoría de los casos, las hijas mayores tienen la responsabilidad de volverse el "eslabón de ajuste" que garantiza que el hogar siga funcionando. El ausentismo no es "abandono" es una entrada y salida constante por crisis económicas.
Encontramos en el cuidado del hogar, de sus hermanos o familiares una de las principales razones por las que las jóvenes interrumpen su educación. Por otro lado, también observamos un factor invisibilizado hasta hace muy poco: muchas estudiantes faltan entre 3 y 5 días al mes por no contar con elementos de gestión menstrual o instalaciones adecuadas en las escuelas. Según informes de UNICEF Argentina, en hogares bajo la línea de pobreza, comprar toallitas o tampones compite con la compra de alimentos y, muchas veces, los insumos son dejados de lado.
Una mirada que aún está pendiente
Analizar el ausentismo escolar femenino desde la mirada tradicional que lo vincula casi exclusivamente con el embarazo adolescente es insuficiente y deja de lado múltiples determinantes que inciden en las trayectorias escolares.
Mientras el embarazo adolescente retrocede gracias a la ESI y al acceso a anticonceptivos, el vacío de políticas públicas de cuidado sigue haciendo que las jóvenes paguen con su educación la estabilidad de sus hogares.
Hoy el problema exige una mirada más amplia y compleja. Las adolescentes atraviesan por múltiples condicionantes para acceder a su aprendizaje: las tareas de cuidado no remuneradas, la pobreza, la desigualdad económica, la gestión menstrual, la violencia de género, la salud mental y la persistencia de mandatos sociales que siguen ubicando a las mujeres en un lugar de responsabilidad doméstica desde edades muy tempranas mientras que relegan a un segundo plano su educación.
Por otro lado, esto también permite comprender que el ausentismo femenino no siempre se expresa como abandono escolar definitivo, sino muchas veces como trayectorias fragmentadas, intermitentes e invisibles para las estadísticas tradicionales.
Hoy la verdadera clave del porque muchos adolescentes no están ocupando su lugar en el aula está en la economía del cuidado. Muchas jóvenes no abandonan la escuela por decisión propia, sino porque el contexto social las empuja a priorizar la supervivencia cotidiana de sus hogares por encima de su propia educación.
Pensar este fenómeno implica, en definitiva, preguntarse no solo por qué faltan las estudiantes, sino también quién ocupa su lugar cuando ellas no están. Porque detrás de cada ausencia escolar femenina, muchas veces no hay desinterés, sino una forma silenciosa de desigualdad.